Mostrando las entradas con la etiqueta Por los difuntos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Por los difuntos. Mostrar todas las entradas

06 junio 2009

Para implorar la gracia da una santa muerte

Es muy sabio considerar en vida y salud el tema de nuestra muerte, de MI muerte, rogando por tenerla muy santa.
Para implorar la gracia da una santa muerte

1. Glorioso Patriarca, alcánzame, te suplico, la gracia de que mi muerte no sea repentina; que tenga tiempo para confesarme y recibir los santos Sacramentos, en perfecta condi­ción y con verdadero dolor de mis pecados. Gloria.

2. Glorioso Patriarca, alcánzame, te ruego, que antes de morir pueda yo fortificarme con los Santos Óleos para el gran viaje hacia la eter­nidad y alimentarme con el Cuerpo Santísimo de Jesús. Gloria


3. Glorioso Patriarca, obtenme, te ruego, que pueda recibir el Sacramento de los enfermos antes de mi agonía, para que haciendo un acto de dolor, tenga fuerzas para resistir a los enemigos de mi alma. Gloria.


4. Glorioso Patriarca, alcánzame, te ruego, que recibiendo los Sacramentos, tenga un sacer­dote a mi lado para que me recuerde la Pasión de Jesús, los dolores de María; para que así, evocando sus nombres con la lengua y con el corazón contrito, pueda conquistar para mi alma el tesoro de la remisión de mis culpas. Gloria.

5. Glorioso Patriarca, te ruego que me defien­das, ahora y al final de la vida, de todas las asechanzas del demonio, para que en la vida y en la muerte, me ejercite bajo tu asistencia, para hacer verdaderos actos de fe, de espe­ranza y de amor de Dios. Gloria.

6. Glorioso Patriarca, te ruego que no me abandones en el momento en que, agonizando mi alma, tenga que dar cuentas a mi Dios de todas las acciones de mi vida; en aquel tre­mendo juicio sea por ti protegida mi causa por tus méritos unidos a los méritos de María Inmaculada, tu Santísima Esposa. Gloria.

7. Glorioso Patriarca, te ruego que después de mi muerte, continúe con tu santa protección, si por mis culpas tuviera que ir al Purgatorio, te pido que, mediante tu intercesión, gran parte de mis penas sean perdonadas, y así pueda gozar contigo del Reino celestial. Gloria.

Oración por los agonizantes

He tomado estas oraciones para alcanzar una buena muerte del sitio de de la Pía Unión del Tránsito de San José que conocí hace poco y que me ha calado muy hondo. Todos quisiéramos morir como él al lado de Jesús y Maria. Pidámosle con fe:

ORACIÓN A SAN JOSÉ POR LOS AGONIZANTES
Oh San José, Padre adoptivo de Jesucristo
y verdadero esposo de la Virgen María,
ruega por nosotros y por los agonizantes de este día (noche). Amén

Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

19 octubre 2008

Dame Consuelo, Padre

Padre de todos, también de los que nos han dejado: 
Me ha dolido su muerte, pero era para la VIDA;
Tú no quitas amores sin dejarnos AMOR.

Si Tú te lo has llevado, que esté siempre contigo,
que llegue pronto al cielo para unirse a tu lado, 
que  me espere pidiendo por los que hemos quedado.

Dame consuelo, Padre, que me duele su ausencia,
yo sé que es lo mejor, pero ¡cuanto he llorado!
ayúdame a decir sí a todo lo mandado.


17 octubre 2008

Letanías por un difunto

Es muy común ver en los lugares de velatorios cerca a mi hogar (iglesias, sobre todo) que las personas conversan, hablan por celular, fuman, converas, ¡se dan vueltas si saber qué hacer o cómo colaborar! es raro, rarísimo que se esté rezando un responso o un rosario junto al muerto en las últimas horas de permanecer insepulto. ¿No podríasmos tener a la mano impresas algunas de estas oraciones y en caso necesario hacer lo único que al muerto le puede ayudar y a sus familiares también para tener consuelo?

Hay muchos sitios en que las podemos conseguir. En este blog dejo algunas que me parecen preciosas, para tener una idea de lo mucho que uno puede ahcer al llegar a acompañar a un difunto en su velatorio.



Por los difuntos

 I

A ti, Jesús, vida nuestra, dirigimos nuestras súplicas.

Tú, que resucitaste a Lázaro del sepulcro.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que llamaste a la vida al híjo de la viuda de Naín
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que despertaste del sueño de la muerte a la hija de Jairo.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que resucitaste del sepulcro, vence­dor de la muerte.
Todos: Escúchanos, Señor.

Tú, que eres la resurrección y la vida.
Todos: Escúchanos, Señor.

 II

 A ti, Jesús, Señor, que quisiste compartir nuestro dolor, dirigimos nuestras súplicas. 

Tú, que te compadeciste de la viuda de Naín, desolada por la muerte de su hijo.
 Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que lloraste ante el sepulcro de Lázaro, muerto de cuatro días.
Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que, muriendo de tristeza, sudaste sangre en Getsemaní.
Todos: Ten compasión de nosotros.

Tú, que sufriste la agonía de una muerte de cruz.
Todos: Ten compasión de nosotros. 

III
Invoquemos con toda confianza a Cristo Jesús. Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.

Cristo, escucha nuestra oración por tu fiel N.
Todos: Señor, ten piedad.

Ilumina sus ojos con la luz de tu gloria.
Todos: Señor, ten piedad.

Perdónale sus pecados, concédele la vida eterna.
Todos: Señor, ten piedad.

Señor Jesús, atiende a los que te su­plican, escucha la voz de los que lloran.
Todos: Señor, ten piedad.

Jesús, Hijo de Dios, consuélanos en nuestra tribulación.
Todos: Señor, ten piedad.

 IV

 Acuérdate, Señor, de tu hijo N que en el bautismo fue sepultado en la muerte de Cristo para resucitar con él.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que en la confirmación fue ungido por el Espíritu de Jesús resucitado.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que en la eucaristía, memorial de la pascua de tu Hijo, fue alimentado con el Pan de la vida.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad

Que muriendo al pecado por la penitencia fue devuelto a la vida en Cristo Jesús.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

Que ungido con el óleo de los enfermos ha recibido el germen de la salud eterna.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

 Que ha muerto con Cristo, para vivir con él.
Todos: Acuérdate, Señor, y ten piedad.

V

Santa María, que permaneciste junto a la cruz de Jesús.
Todos: Ruega por nosotros.

San Pedro , a quien el Señor confió las llaves del reino eterno.
Todos: Ruega por nosotros.

San Pablo, que deseaste partir de este mundo para estar con Cristo.
Todos: Ruega por nosotros.

San Juan, que anunciaste al que es la Palabra de la vida.
Todos: Ruega por nosotros.

San José, que tuviste el consuelo de morir asistido por Jesús y María.
Todos: Ruega por nosotros.

San N., cuyo nombre ha llevado en esta vida, acogido a tu protección.
Todos: Ruega por nosotros.

Todos los santos y santas de Dios, que, muriendo en Cristo, habéis nacido a la vida eterna.
Todos: Rogad por nosotros.

VI

Terminemos nuestra oración repitiendo la plegaria que el Señor nos enseñó.
Todos: Padre nuestro...

Señor, ten misericordia de N.,              para que encuentre el perdón de todas sus faltas, pues deseó cumplir tu voluntad. La verdadera fe le unía, aquí en la tierra, al pueblo fiel­ que tu bondad le una ahora al coro de los ángeles y elegidos. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
 Todos: Amén.

Dale, Señor, el descanso eterno.
Todos: Brille para él la luz perpetua.

En tus manos encomendamos nuestro hermano

"En tus manos, Padre de bondad, encomendamos el alma de nuestro hermano; nos sostiene la esperanza de que resucitará con Cristo en el último día con todos los que en Cristo han muerto. Te damos gracias, Señor, por los beneficios derramados sobre tu siervo en su vida mortal, signo de tu bondad y manifestación de la comunión de tus santos. Escucha nuestras oraciones, Dios de misericordia, para que se abran a tu siervo las puertas del paraíso, y nosotros, los que aún permanecemos en este mundo, nos consolemos mutuamente con palabras de fe hasta que salgamos todos al encuentro de Cristo, y así, con nuestro hermano, gocemos en tu presencia.
Por Jesucristo nuestro Señor"

De la oración de despedida del cuerpo en la Iglesia

Oración por un difunto amado

Se acerca noviembre, el mes en que la Iglesia pide especialmente por los difuntos. Voy a colocar una serie de devociones relacionadas con el deber de pedir por ellos que sólo cuentan con nosotros en su purificación en el Purgatorio.

Dios mío, te has llevado la persona que más amaba en este mundo; pero tú lo has querido así, cúmplase en todo tu santa voluntad. El gran consuelo que me queda es la esperanza de que tú la hayas recibido en el seno de tu misericordia, y que te dignarás algún día unirme con él (ella).

Si la entera satisfacción de sus pecados lo/a detienen aún en las penas sin que haya ido todavía a reunirse contigo, yo te ofrezco por él (ella) todas mis oraciones y buenas obras, principalmente mi resignación ante esta pérdida; haz, Señor, que esta resignación sea entera y digna de ti. 

Amén.